
El agua sigue su cauce sin descanso ni consulta. No pregunta por su destino. Ninguna duda detiene su paso.
El río va seguro hacia lo que desconoce, ama lo que no sabe, empujado por el instinto de mar.
Viene de las alturas, desde las cascadas. Su anhelo de retorno es irrenunciable, por eso no declina su paso tímido que pronto será torrente.
Abundante, corre cristalino brincando y dibujando ornamentos transparentes.
Canta con el sonido del viento, ronronea.
A todos los habitantes visibles o invisibles los hace espuma y los evapora sin esfuerzo.
Puede con la piedra. La besa con succión rápida, la humedece y la anima, le cuenta las noticias que vienen desde las alturas. No refleja ningún apego menor.
Nada teme en su murmullo. Se renueva en la dignidad de su permanencia. Vacío de vanidad mantiene vigentes sus encantos: la puntualidad del crespúsculo, la cita sagrada de las estaciones y la constancia en el cambio.
El viento acompaña la marcha impetuosa, no se confunde con las burbujas que provoca su aliento.
El sol clava sus rayos y diluye rápido la humedad de las piedras que fueron visitadas por el torrente y la conserva en nubes que prometen, una vez más, un novedoso y nutriente río vertical.
"El poder de lo simple"
Son las 2 de la madrugada, aunque aún faltan muchos sueños para que ésta llegue.
Atrás un día(s)de resaca física y emocional, por recorrer mucho...
... hacia atrás.
Él en cambio no retrocede. Siempre corre hacia delante, lo que no significa que no vuelva a pasar otra vez por el mismo sitio, pero hecho un agua distinta. Con el camino más definido, y fácil, por el desgaste. Yo en cambio parece que haya dado unos pasos atrás, que mi paso se muestre débil y vaya corriente arriba.
Pero nada más honesto que el darse cuenta.
Nada más fundamental que el no reprimirse.
Nada más bello que admitir la imperfección.
Toca coger impulso y volver a andar lo "des-andado". ¿Y qué? orgullosa de seguir a mis impulsos. De seguir siendo sensible, vulnerable a la magia, conectada a mis deseos. De no ser todavía hielo con piel. De no importarme decir que me cuesta llegar al mar ( y quién dijo que fuese fácil...).De seguir siendo débil a lo ilógico. De ser sincera conmigo y con los otros. De ser agua clara.
De saber y vivir que lo bello puede llegar a ser lo más simple y simple, lo más bello.
Y he deborado simplicidad como la del rio, el silencio o el guiño durante horas de esta tarde, entre cojines, escuchando Chambao.
Ésta... te puede llegar a agarrar tan fuerte de la garganta...que ahoga.
Pero que duela,
si es por mucho sentir.
Como todo.
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